Monday, December 5, 2011

Tarot Classics

Con su primer disco el año pasado, Surfer Blood atrapó a varios con una combinación de surf rock altamente distorsionado. Cualquiera con oídos y parlantes no tardó en engancharse profundamente en el debut, Astro Coast, de los oriundos de Florida. Sin embargo, de principio a final, la banda desplegaba un sonido mucho más característico e único, fácil de diferenciar y destacar entre las infinitas propuestas que llegaron entre 2009 y 2010 bajo la premisa de hacer rock para bailar en la playa. Preparándose para sacar un segundo disco al año que viene, Surfer Blood presenta un EP de 15 minutos y un par de remixes: Tarot Classics.

Al escuchar que la banda se había mantenido bastante ocupada durante el año, abriendo para Pixies en su Doolitle Tour, no me hubiera sorprendido que lo próximo a escuchar de Surfer Blood fuera algo más violento y crudo que lo que su primer disco emanaba. Para bien o para mal, estos pensamientos no tienen lugar en los cuatro temas de Tarot Classics.

En la apertura, I’m Not Ready, una brisca playera envuelve el punteo juguetón de guitarras antes de que la voz imponente y particular de John Paul Pitts estalle. No hay lugar para las pizcas de noise o experimentación en la altamente disfrutable canción de cinco minutos, elementos que hacían a Astro Coast un trabajo tan audaz, No resulta ninguna sorpresa escuchar a Pitts abrir el estribillo cantando “I’m not ready to look the other way” [“No estoy listo para mirar hacia el otro lado”], línea que fácilmente se puede aplicar a la falta de cambio vertiginoso a la hora de grabar nuevo material.

Le sigue el primer single Miranda, momento para el cual ya es fácil señalar qué aptitudes la banda decidió desarrollar en profundo y cuáles descartó de una. Con un rasgueo de guitarra distorsionado y rápido, la banda respira punk setentoso mientras Pitts hace su mejor imitación de Morrissey. Voyager Reprise continúa inmediatamente con una batería relativamente calmada y un fuerte uso de sintetizadores, y un estribillo donde las guitarras se concentran en imitar la melodía de Pitts antes de entrar en un puente que deja mucho de qué desear, fácil de encontrar en discos como First Impressions of Earth de the Strokes.

Drinking Problems funciona como un trance hipnótico en el cual Pitts cambia de canal dejando de atrás a Morrissey y acercándose a un Bernard Sumner, dejando a las diferentes percusiones simultáneas y los acoples de guitarra dar final a un EP redondito. El remix de la misma canción abre el par de remixes, acentuando la distorsión en los bajos y jugando con un beat repetitivo. Voyager Reprise es el otro tema que tiene su propia remezcla, aunque no hace más que concluir en que remixes bailables de una banda como Surfer Blood no tienen lugar.

Surfer Blood se deshizo de los elementos que hacían de Astro Coast un disco distinto e interesante. Sin embargo, no se puede decir que el rock surfero sigue tomando un papel bastante significativo en el sonido de la banda. Tarot Classics parece ser un esfuerzo mucho más primitivo que su antecesor y, aunque tenga ninguna canción fracase por sí sola, espero que este EP no sea visto en el futuro como el camino lógico antes de un segundo disco igualmente de simple.

#372 - Surfer Blood (2011)

Thursday, November 17, 2011

Hurry Up, We're Dreaming

Anthony Gonzalez empezó a grabar bajo el nombre M83 en 2001, año en el que sacó su primer disco homónimo sin pena ni gloria. El francés empezó a dar de qué hablar recién en 2003 con Dead Cities, Red Seas & Lost Ghosts, ganándose el agrado de la crítica y público internacional. Este segundo disco partía del proyecto bailable con el que Gonzalez había empezado para adentrarse en un territorio en donde el shoegaze y el pop electrónico se englobaban en una sola entidad. Discos futuros mostraron cómo M83 se quedaba solamente con el reverb en los suspiros y profesionalizaba esta orientación dream pop-era. Considerado como Gonzalez mismo como su obra maestra, el disco doble Hurry Up, We’re Dreaming marca los 10 años de carrera del músico europeo.

Tomando como influencia sus giras con The Killers y Kings of Leon, Gonzalez se vio listo a hacer su propio disco orientado al rock y pop de estadios, esa cualidad que tanto elogiamos de bandas como Arcade Fire o Broken Social Scene, pero raramente se predeciría de M83. Para esto, bien desde el principio del disco, los coros y gritos heroicos en la introducción marcan un antes y después para todo aquel enamorado de las voces secretas e inocentes sobre la musicalización poderosa con la que M83 se había dado a conocer.

Con el pasar de los 73 minutos de duración del disco y a medida que uno se acostumbra a escuchar a Gonzalez cantar muy parecido al Followill líder, empiezan a surgir otros elementos vírgenes en la discografía del músico. Saxos no tardan en llegar para cerrar ese ambiente ochentoso lleno de guiños de teclados y guitarras glams esperándote a la salida; o la melancólica Wait, sorprendiendo con acústicas. Las cuerdas vuelven a aparecer en el interludio de la segunda parte, Year One, One UFO acompañándolas de manera nata un escapismo rural bastante fuera de lugar en el contexto nocturno y sintético en el que el disco está sumergido (o por lo menos antes de explotar en guitarras eléctricas y teclados).

Ambos discos de Hurry Up, We’re Dreaming se pueden analizar como hermanos: los dos tienen cierres y finales, unos pares de interludios ubicados en mismas partes, el single claramente posicionado como segundo tema, entre otras similitudes. Este espejismo refuerza de cierta manera la, de otra manera, débil conceptualización del disco doble, en la que Gonzalez juega con el contraste de la percepción preconsciente de una noche fantástica y, y la distorsión inconsciente del sueño surrealista. Sin embargo, esta comparación puede que no se respete a lo largo del trabajo, producto de la vaga conceptualización al inspirarse de otros discos dobles como Mellon Collie and the Infinite Sadness.

Desde el primer single, Midnight City, no es muy difícil señalar los posibles futuros cortes de difusión que le seguirán: Gonzalez desarma y vuelve a armar la idéntica estructura musical por lo menos ocho veces más (Claudia Lewis, New Map, OK Pal, pero no tiene mucho sentido seguir spoileando), apoyándose en los mismos juegos de teclados y coros sin los que varios de estos temas no funcionarían por separado. La imaginación de M83 sigue creando momentos resaltables, y varios de éstos tienen en común la falta de preocupación en que el tema sea memorable por todas las razones equívocas. Canciones como This Bright Flash y su hermana Echoes of Mine, con sus baterías potentes y los teclados sumergibles, funcionan dentro y fuera del contexto ambicioso del disco por ser solamente una intermisión, una transición hacia “los verdaderos hits”. En esta búsqueda por la “canción pop perfecta”, Gonzalez se pierde del viaje por no esperar a ver otra cosa que el destino.

Puede ser de hipócrita desvalorizar al disco tomando como puntos vulnerables lo falso que puede llegar a parecer el aura de “épica obra electrónica doble conceptual”, cuando la razón inconsciente detrás del desagrado es que varios de los que empezamos a escuchar M83 fue por el shoegaze simple pero innovador. Igualmente, una vez que se deja de ver a Hurry Up, We’re Dreaming como un monstruo de consumismo masivo y se lo empieza a tratar como un trabajo parcialmente honesto, resulta en una de las novedades más disfrutables del año.

#371 - M83 (2011)

Monday, October 31, 2011

Within and Without

El multi-instrumentalista Ernest Greene comenzó sacando un par de EPs, siendo el casero Life of Leisure (2010) el que recién llegó a alcanzar la atención de la crítica. Varios no tardaron en notar similitud entre las canciones dependientes de sintetizadores y beats provenientes de este segundo EP de Greene bajo el nombre Washed Out, y la ambientalización de teclados y efectos electrónicos con los que venían jugando bandas como Toro y Moi, Neon Indian, o Small Black. Blogs y críticos no tardaron en terminar de armar el rompecabezas para nombrar al género que hoy se está dando a conocer como chillwave.

Sin embargo, al igual que con tantos géneros en la historia de la música, varios de estos artistas trataron de escapar del aura que ejerció el estilo que ellos mismos habían creado. Mientras que bandas como Memory Tapes o Teen Daze prefirieron mantenerse dentro de los límites de una etiqueta floreciente, otros virtuosos no dudaron en emprender una búsqueda de identidad sonora: Toro y Moi, por un lado, no tardó en influenciarse levemente por el rock psicodélico contemporáneo, mientras que Neon Indian se concentró en experimentar con un shoegaze electrónico. En su debut, Washed Out se desprende de la línea de bandas sencillas y, con la ayuda del productor Ben Allen (pionero en Merriweather Post Pavilion (2009)), Within and Without promete ser uno de los discos más relajados del año.

Desde el principio, Eyes Be Closed nos invita a recorrer un mar de sintetizadores atmosféricos y beats baratos: un pasaje no muy distante de lo que se venía admirando en los EPs anteriores. Sin embargo, la voz de Greene no tarda caer a la mezcla de la mano de Allen, cuya firma en la producción se hace notar cada vez que las voces logran envolvernos en su reverb etéreo. Se vuelve medianamente difícil de entender con claridad las vocales debido a los litros de efectos y ecos que tienen encima, más teniendo en cuenta la poca modulación con la que Greene acostumbra a cantar (¿pequeño consejo de Allen después de trabajar tan cerca de Panda Bear capaz?).

A pesar de esto, canciones primerizas como Echoes y Eyes Be Closed pueden llegar a llamar la atención durante las primeras vueltas al disco, aunque terminan siendo opacadas y dejadas de lado al carecer de una estructura sólida que no permita hacerlas sonar repetitivas e insípidas. Afortunadamente, temas como Amor Fati o Far Away suenan como transiciones sin agotar los oídos: evidencia de lo que una clara línea de bajo y unos sintetizadores a la par de unas baterías reales pueden llegar a hacer.

A lo largo del disco, la lírica se permite tocar temas acerca de cómo ni el verano ni el fuego del amor duran para siempre. Temas lentos como You and I relatan en primera persona una relación enfermiza en la que ninguna de las partes tiene fuerza como para terminarla. Lo que resulta mucho más apreciable es el delicado uso de samples sobre una batería y una línea de bajo medio reggae. El final A Dedication es fácilmente una de las canciones más directas del disco: Ernest Greene pausa todos los tipos de trucos electrónicos con los que supo jugar desde el principio, para confesarse en una balada limpia de piano y batería. No les voy a mentir, los sintetizadores también aparecen, pero definitivamente no son la idea principal del tema.

Una de las cualidades más ventajosas del disco toma forma al mantener el disco en repeat y darse cuenta de lo ligero que puede sonar, incluso después de analizar cómo pesa una producción brillante sobre una docena de sintetizadores. Incluso cuando las progresiones de acordes o los estribillos pueden llegar a sonar similares en más de una canción, Within and Without no está para nada tratando de escapar de sus raíces para ser algo que simplemente no es. El primer trabajo entero de Washed Out debe ser tomado por lo que en realidad es, dejando de lado cualquier tipo de sellos y apodos insípidos.

#370 - Washed Out (2011)

Los Que No Duermen

“Dicen que el mundo se divide entre los que tienen miedo a la oscuridad y los que no.” anuncia Lola Arias en Los Que No Duermen, su segundo disco junto al productor y multi instrumentalista Ulises Conti: un disco pseudo temático acerca de la noche, sus paisajes oscuros y almas nocturnas que no pueden cerrar el ojo. El dúo argentino había trabajado hace tres años en la banda de sonido para la obra de teatro El Amor es un Francotirador (2008), disco que los llevó a tocar en varios festivales de Sudamérica y Europa, para tener más tarde su edición y presentación alemana en el 2010. En el medio, Arias lograba intercalar sus roles de actriz, traductora, directora, y cantautora para sacar su colección de relatos, Los Posnucleares. No es difícil imaginarse a Arias como una persona desvelada.

El Libro de la Noche sirve como una introducción hablada, Arias pasa de confesar sus miedos infantiles acerca de la noche a describir con quiénes se encuentra cuando no puede cerrar el ojo: los que no duermen. La musicalización de parte de Conti provoca la inexacta primera impresión de mantenerse estática y pasmada en un segundo plano, aunque reconoce darle un mayor protagonismo a la escritora, o por lo menos en la primera mitad del disco.

Los Que No Duermen también impone contraste frente al anterior El Amor es un Francotirador, desarrollándose inocente y paralelamente, tanto musical como líricamente. El disco toma mucha influencia de la sonoridad de los ‘50s al igual que varios dúos contemporáneos, desde She & Him (con los quienes seguramente se ganaran mayor comparación) hasta Angus & Julia Stone. Al igual que ambos dúos, la cantautora discierne efectivamente su rol como escritora, alternando entre primera y segunda persona de manera consustancial, mientras el músico percibe estratégica y delicadamente dónde poner sus fichas.

El disco se mantiene conceptualmente dentro del sonambulismo, los laberintos urbanos, aunque Arias logra alcanzar sus puntos de honestidad máxima cuando deja de lado la temática trasnochada y confía acerca de desamores inoportunos (Nadie Va a Saber), no querer desprenderse de la figura de su padre (Padre), y la alienación inevitable dentro de la familia (Lazos de Familia). Varias de estas historias suenan más que familiares una vez leído su más reciente libro. Y si bien en estas confesiones, la ciudad y el insomnio dejan de ser motor de las canciones, asoman disimuladamente en cada una de ellas, con la versátil y cautivadora sonoridad de Conti atrapando a su compañera incluso cuando las voces llegan a mostrar cierta fragilidad.

Más allá de lo atrapante e íntegra que resulte la habilidad de Arias por reincidir melodías sin sonar insistente, dan ganas de volver a escuchar Los Que No Duermen gracias al trío de canciones habladas que sirven como introducción, intervalo, y final. Kilómetros se interpone con su progresión blusera de notas y su aura violentamente gris, en donde Conti tiene la oportunidad de jugar todo lo que se guardó en varios de los temas del disco. Diario de Una Mujer Policía liquida el disco con sus amplias cuerdas y teclados en crescendo que terminan abruptamente. ¿Habrá podido finalmente dormir?

#369 - Lola Arias & Ulises Conti (2011)